Antiguo Testamento
Al envejecer Abraham, su más urgente preocupación era que su hijo Isaac encontrara una esposa que pudiera entrar con él en los convenios eternos. No había mujeres en Canaán que compartieran su fe, por lo que envió a su mayordomo a Harán —un viaje de casi dos mil kilómetros de ida— con esa misión sagrada. El mayordomo oró antes de llegar al pozo, pidiendo una señal específica de la mujer que el Señor había preparado para Isaac. Y lo extraordinario es que la respuesta llegó antes de que terminara de orar: Rebeca apareció en el momento preciso y actuó exactamente como el mayordomo había pedido. Esta narrativa nos enseña que el matrimonio eterno por convenio es tan central en el plan del Padre que Él mismo prepara las circunstancias para que Sus hijos puedan acceder a esa bendición. La doctrina del matrimonio celestial —sellado por la autoridad del sacerdocio en el templo— enseña que la familia puede ser eterna: no separada por la muerte, sino unida para siempre a través de los convenios. El presidente Henry B. Eyring prometió que quienes vivan dignos del Reino Celestial encontrarán que 'la situación de su familia será más maravillosa de lo que puedan imaginar.'
"Usted simplemente viva digno del Reino Celestial, y la situación de su familia será más maravillosa de lo que pueda imaginar. Testifico que, a medida que vivan de manera que sean dignos del Reino Celestial, esa promesa profética también se cumplirá para ustedes."
Presidente Henry B. Eyring
Liahona, agosto de 2016, pág. 5
"Al casarse y constituir una familia de acuerdo con el evangelio, los Santos se convierten en partícipes de la más sagrada de las ordenanzas disponibles en la tierra."
Élder D. Todd Christofferson
Liahona, mayo de 2015
"Y dijo: Oh Jehová, Dios de mi señor Abraham... Sea, pues, que la doncella a quien yo dijere: Inclina tu cántaro, te ruego... sea la que tú has destinado para tu siervo Isaac."
"En el grado celestial de matrimonio hay tres cielos o grados; y para obtener el más elevado, un hombre debe entrar en este orden del sacerdocio [el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio]; y si no lo hace, no puede obtenerlo."
"Si un hombre se casa con una mujer por mi palabra, que es mi ley, y por el nuevo y sempiterno convenio, y esto se sella sobre ellos por el Espíritu Santo de la promesa... tendrán herencia y exaltación en los dominios eternos."
"Jehová enviará su ángel delante de ti, y tomarás de allí mujer para mi hijo."
La historia de Isaac y Rebeca no es solo un relato de amor antiguo: es una ventana a la doctrina de que el matrimonio eterno es parte esencial del plan del Padre. El Señor estaba profundamente involucrado en ese proceso, y lo mismo puede ser cierto para cada uno de Sus hijos hoy. Vivir con dignidad, orar con fe específica y confiar en el tiempo del Señor son los mismos principios que guiaron al mayordomo de Abraham en aquel viaje. Cuando ponemos nuestra confianza en Él, Sus promesas se cumplen de maneras que superan nuestra imaginación.
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