Antiguo Testamento
Esaú era el primogénito de Isaac y tenía derecho a la primogenitura: una herencia doble de tierras y bienes, la responsabilidad de guiar a la familia después de la muerte de su padre, la bendición del sacerdocio y —lo más valioso— la transmisión de los convenios abrahámicos hacia sus descendientes. Sin embargo, un día que llegó exhausto del campo, vendió ese privilegio eterno a Jacob a cambio de un guisado de lentejas. Esta decisión impulsiva revela algo fundamental: cuando la necesidad inmediata —el hambre, el cansancio, el deseo urgente— nubla nuestro juicio, podemos intercambiar lo eterno por lo temporal sin siquiera darnos cuenta de lo que estamos perdiendo. El élder David A. Bednar advirtió que la preocupación a corto plazo con 'las cosas de este mundo' y 'los honores de los hombres' puede llevar a cualquiera de nosotros a perder su primogenitura espiritual 'por mucho menos que un guisado de lentejas.' En nuestros días, esa primogenitura espiritual incluye convenios del sacerdocio, el don del Espíritu Santo, los privilegios del templo y nuestra herencia como hijos del Padre Celestial. Las distracciones del mundo —redes sociales, popularidad, placeres inmediatos— pueden hacernos sacrificar esas bendiciones de la misma manera que lo hizo Esaú.
"Nuestra preocupación a corto plazo con 'las cosas de este mundo' y 'los honores de los hombres' puede llevarnos a perder nuestra primogenitura espiritual por mucho menos que un guisado de lentejas. Cada uno de nosotros debemos evaluar nuestras prioridades temporales y espirituales con sinceridad y con espíritu de oración."
Élder David A. Bednar
Liahona, noviembre de 2022, pág. 94
"Los que se niegan a que el mundo los moldee estarán preparados para que el Señor los purifique. Les invito a poner su mira en el gozo que puede ser vuestro ahora y en la eternidad."
Presidente Russell M. Nelson
Liahona, mayo de 2022
"Y respondió Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? Entonces Jacob dijo: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura."
"No sea que haya alguno fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura."
"Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman."
"Ellos son los que recibieron el testimonio de Jesús, y creyeron en su nombre y fueron bautizados... Los cuales vencen por la fe y están sellados por el Espíritu Santo de la promesa."
La historia de Esaú nos advierte que las grandes pérdidas espirituales raramente suceden de golpe: ocurren en momentos de debilidad, cuando valoramos más el alivio inmediato que el privilegio eterno. Los convenios que hemos hecho con Dios —el bautismo, el sacerdocio, las ordenanzas del templo— son nuestra primogenitura espiritual. Protegerlos requiere evaluación constante de prioridades. La buena noticia es que, a diferencia de Esaú, siempre podemos arrepentirnos y renovar nuestros convenios. El Señor no abandona a quien se vuelve hacia Él.
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